Por Álvaro Cañete
Las vacunas son uno de los mayores logros de la ciencia moderna. Desde su invención, han protegido a la humanidad de enfermedades devastadoras, mejorando la calidad y esperanza de vida [Link]. Sin embargo, a pesar de su eficacia comprobada, han surgido movimientos que las cuestionan, difundiendo mitos y desinformación que ponen en riesgo los avances logrados. En el siguiente artículo se explora en profundidad la importancia de las vacunas, los retos que enfrentan debido a los movimientos antivacunas y cómo funcionan realmente, abordando también casos específicos como la vacuna contra el COVID-19 y la del virus del papiloma humano (VPH). A través de datos respaldados por la ciencia, revisaremos por qué las vacunas son seguras, esenciales y cómo contribuyen al bienestar global.

La importancia de la vacunación en la sociedad
Las vacunas han sido descritas como uno de los mayores logros de la ciencia moderna, revolucionando la forma en que enfrentamos enfermedades infecciosas. Desde la erradicación de la viruela hasta la prevención de millones de muertes por enfermedades como el sarampión, la polio y la hepatitis, su impacto es innegable. Por otra parte, la vacunación no solo previene enfermedades graves, sino que también reduce la carga económica asociada a los tratamientos y hospitalizaciones, fortaleciendo sistemas de salud [Link].
En el siglo XVIII, Edward Jenner sentó las bases de la vacunación al desarrollar la primera vacuna contra la viruela. Este hito marcó el inicio de una revolución médica que ha salvado millones de vidas. Las vacunas no solo protegen a quienes las reciben, sino que también contribuyen a la inmunidad colectiva. Este fenómeno, conocido como inmunidad de rebaño, protege a quienes no pueden recibir vacunas por razones médicas, como alergias graves o enfermedades autoinmunes. Gracias a esta red de protección, se han controlado brotes y salvado vidas en todo el mundo [Link].
Además, las vacunas tienen un impacto económico significativo. Un estudio destacó que, por cada dólar invertido en vacunación, se generan hasta 16 dólares en ahorros, al reducir costos de hospitalización y pérdida de productividad [Link]. Las campañas de vacunación masiva contra el sarampión, por ejemplo, han evitado millones de casos y ahorrado recursos médicos esenciales.
Los movimientos antivacunas: origen y creencias
Los movimientos antivacunas surgieron en el siglo XIX, cuando las primeras campañas de vacunación obligatoria enfrentaron resistencia debido a la desconfianza hacia el gobierno y la falta de información científica entre la población [Link]. Lamentablemente estas posturas siguen presentes, alimentándose por la desinformación difundida en redes sociales y un escepticismo creciente hacia las instituciones médicas.
Un caso clásico que desencadenó una ola de desconfianza fue el estudio fraudulento de Andrew Wakefield en 1998, que vinculaba la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) con el autismo [Link]. Aunque dicho estudio fue desmentido y retirado, aún persiste como argumento. Además, algunas personas prefieren recurrir a tratamientos naturales o creen que una dieta saludable puede sustituir la protección de las vacunas, desconociendo cómo funciona realmente el sistema inmunológico [Link].
Los antivacunas también argumentan que las vacunas contienen sustancias tóxicas, como aluminio o mercurio. Si bien estos compuestos están presentes en pequeñas cantidades, actúan como adyuvantes que potencian la respuesta inmune y han sido aprobados por organismos internacionales por su seguridad [Link]. Otro mito recurrente es que las infecciones naturales fortalecen mejor el sistema inmunológico que las vacunas, ignorando que las enfermedades pueden causar complicaciones graves o incluso la muerte [Link].
Cómo funcionan las vacunas y por qué son seguras
Para entender por qué las vacunas son seguras y efectivas, es esencial conocer su funcionamiento. Las vacunas entrenan al sistema inmunológico para reconocer y combatir patógenos específicos. Esto se logra introduciendo versiones debilitadas, inactivadas o fragmentos del microorganismo que no son capaces de causar la enfermedad, pero generan una respuesta inmune [Link].
Por ejemplo, las vacunas de ARN mensajero, como las desarrolladas contra el COVID-19, utilizan instrucciones genéticas para que nuestras células produzcan una proteína inofensiva del virus. Esto permite que el sistema inmunológico aprenda a combatir el virus sin riesgo de infección [Link]. Aunque esta tecnología es nueva, se basa en décadas de investigación y ha demostrado ser altamente eficaz y segura.
Es común que algunas personas experimenten efectos secundarios leves, como fiebre o dolor en el lugar de la inyección. Sin embargo, estos síntomas son señales de que el sistema inmunológico está respondiendo correctamente [Link]. Es importante recordar que las vacunas pasan por rigurosos ensayos clínicos que involucran a decenas de miles de participantes antes de ser aprobadas para su uso [Link].

El caso de la vacuna contra el COVID-19: mitos y realidades
La pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después en la historia de la vacunación. En tiempo récord, se desarrollaron vacunas utilizando tecnologías innovadoras como el ARN mensajero, que demostraron ser eficaces para prevenir casos graves y muertes [Link].
Sin embargo, el desarrollo rápido generó desconfianza en algunos sectores de la población. Surgieron mitos como que las vacunas contenían microchips para rastrear a las personas o que alteraban el ADN. Estas afirmaciones son falsas, ya que el ARN insertado con estas vacunas no ingresa al núcleo celular, donde se encuentra el ADN humano, sino que trabaja en el citoplasma de estas [Link]. Otros mitos sugerían que las vacunas eran experimentales y no se habían probado adecuadamente. En realidad, las vacunas contra el COVID-19 pasaron por los mismos estándares rigurosos que cualquier otra vacuna, con pruebas adicionales debido a la magnitud de la pandemia [Link].
El caso de la vacuna del VPH: contexto y logros
La vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) representa uno de los mayores avances en la prevención de enfermedades relacionadas con infecciones de transmisión sexual. El VPH es responsable de aproximadamente el 70% de los casos de cáncer de cuello uterino, además de estar vinculado a otros tipos de cáncer, así como a verrugas genitales [Link]. Introducida en 2006, la vacuna del VPH ha demostrado ser altamente efectiva y segura. Está diseñada para proteger contra los tipos más comunes del virus asociados a lesiones precancerosas y cánceres invasivos. Los estudios clínicos y datos de seguimiento a largo plazo han confirmado su capacidad para generar una respuesta inmune duradera, lo que la convierte en una herramienta clave en la lucha contra estas enfermedades [Link].
Desde su implementación, la incidencia de infecciones por los tipos de VPH cubiertos por la vacuna ha disminuido drásticamente. Por ejemplo, en países con programas de vacunación consolidados, como Australia, se ha reportado una reducción del 90% en las infecciones por estos tipos de VPH, así como una disminución significativa en las lesiones cervicales precancerosas entre mujeres jóvenes. Estos resultados refuerzan el potencial de la vacuna para eliminar prácticamente el cáncer de cuello uterino en el futuro [Link].
No obstante, el acceso a la vacuna y su aceptación varían significativamente entre países y regiones. En algunos lugares, las tasas de cobertura siguen siendo bajas debido a barreras culturales, desinformación y desconfianza hacia las vacunas en general. Esto subraya la importancia de combinar estrategias de vacunación con programas educativos que desmitifiquen conceptos erróneos sobre la vacuna y fomenten la equidad en su distribución [Link].
Por último, la inclusión de hombres en los programas de vacunación se ha identificado como una estrategia clave para interrumpir la transmisión del VPH y proteger a toda la población. Al ampliar la cobertura a ambos sexos, se reduce aún más la circulación del virus, lo que maximiza los beneficios de la inmunización y protege a aquellos que no pueden acceder a la vacuna o no generan una respuesta inmune adecuada. En conjunto, estos esfuerzos refuerzan el papel de la vacuna del VPH como una herramienta esencial para mejorar la salud pública y reducir la carga de enfermedades relacionadas con el virus.
La alfabetización científica como salvavidas
El éxito de las vacunas no se limita a los avances logrados en los laboratorios o a la implementación de programas de inmunización masiva; su verdadero impacto depende en gran medida de la comprensión y aceptación de la población sobre su importancia. La alfabetización científica, entendida como la capacidad de adquirir, interpretar y aplicar conocimientos científicos en la vida cotidiana, es clave para empoderar a las personas en la toma de decisiones informadas sobre su salud [Link]. Este conocimiento no solo fortalece la confianza en la ciencia, sino que también permite a las comunidades enfrentar con mayor eficacia los desafíos relacionados con la salud pública.
En un mundo donde la desinformación se difunde rápidamente, especial-mente a través de las redes sociales, la alfabetización científica se vuelve esencial para contrarrestar los mitos y temores que rodean a las vacunas. Entre los ejemplos más comunes están los rumores de que las vacunas contienen microchips o que debilitan el sistema inmunológico. Estas falsas creencias encuentran eco en comunidades vulnerables a la desinformación, donde la falta de comprensión sobre el funcionamiento de las vacunas alimenta estos temores, poniendo en riesgo tanto la salud individual como la colectiva. El desconocimiento y los prejuicios hacia las vacunas debilitan los esfuerzos globales por alcanzar la inmunidad colectiva y proteger a los más vulnerables.

Una población con conocimientos científicos tiene mayor capacidad para discernir entre información confiable y teorías conspirativas. Para esto es fundamental fomentar la alfabetización científica, que va más allá de la simple transmisión de datos; requiere el diseño de programas educativos que busquen que el estudiantado comprenda el funcionamiento del sistema inmune y la seguridad de las vacunas.
El reto radica en que la población entienda este mensaje y actúe en consecuencia. Reflexionemos: ¿Cómo podemos fomentar un acceso equitativo al conocimiento y a la protección que ofrece la inmunización?
Referencias
Clift, K., & Rizzolo, D. (2014). Vaccine myths and misconceptions. Journal of the American Academy of Physician Assistants, 27(8), 21–25.
de Albuquerque, T. R., Macedo, L. F. R., de Oliveira, E. G., Neto, M. L. R., & de Menezes, I. R. A. (2022). Vaccination for COVID-19 in children: Denialism or misinformation? Journal of Pediatric Nursing, 64, 141–142.
Esposito, S., Principi, N., & Cornaglia, G. (2014). Barriers to the vaccination of children and adolescents and possible solutions. Clinical Microbiology and Infection, 20, 25–31.
Gartenlaub, A., Arenas, R., & Alfaro, A. (2023). Pseudociencia,conspiración, enfasis individualista: discurso negacionista en Twitter ante vacunación por Covid-19. Revista Punto Cero, 28(46), 37–49.
Kessler, E. D., Braasch, J. L. G., & Kardash, C. M. (2021). The Contributions of Childhood Vaccination Misconceptions to the Evaluation and Sharing of Information from Multiple Internet Texts. Reading Psychology, 42(3), 281–301.
Lewandowsky, S. (2021). Liberty and the pursuit of science denial. Current Opinion in Behavioral Sciences, 42, 65–69.
Mitchell, H., Lim, R., Gill, P. K., Dhanoa, J., Dubé, È., & Bettinger, J. A. (2022). What do adolescents think about vaccines? Systematic review of qualitative studies. PLOS Global Public Health, 2(9), e0001109.
Ratanasiripong, N. T. (2015). Factors Related to Human Papillomavirus (HPV) Vaccination in College Men. Public Health Nursing, 32(6), 645–653.
Sabeena, S., Bhat, P. V., Kamath, V., & Arunkumar, G. (2018). Global human papilloma virus vaccine implementation: An update. Journal of Obstetrics and Gynaecology Research, 44(6), 989–997.
Sağtaş, F., & Gürsoy, M. Y. (2024). Knowledge, attitudes, and practices towards human papillomavirus (HPV) and HPV vaccination among male nurses. International Journal of Nursing Practice, 30(4).
Salazar-Valdivia, F. E., Alarcon-Braga, E. A., Estrada-Grossmann, J. M., Valdez-Cornejo, V. A., Hernandez Randich, K., Chaponan-Lavalle, A., & Joya-Arista, V. (2024). HPV vaccine acceptance in Latin America and the Caribbean: a systematic review and meta-analysis. Discover Public Health, 21(1), 22.
Wang, W. (2024). Behaviors and willingness to support HPV vaccination for women: a cross-sectional study of young adult men in China. BMC Public Health, 24(1), 3429.
Yetik, I., Tanoglu, F. B., Pasin, O., Cetin, C., & Ozcan, P. (2023). Knowledge levels and community guidance of doctors working in family health centers on HPV screening and HPV vaccination. Journal of Obstetrics and Gynaecology Research, 49(10), 2519–2527.
